Últimamente me encuentro evocando sin ninguna razón aparente momentos específicos de mi vida. Recuerdo a mi primera profesora del cole, nos dejaba a mis amigas y a mí hacerle trencitas en el pelo. Recuerdo el primer chico que me gustó en la vida y la patada que le dio a mi lonchera porque no me correspondía. Recuerdo la antipatía que le tenía a mis clases de natación, el olor a cloro de la piscina todavía lo siento en mi sien. Recuerdo el primer chico que se me declaró y lo que me invitó a comer (dos empanadas y una coca cola). Recuerdo tener seis años y cantar a todo pulmón "con una voz horrible" en la puerta de la oficina de mis padres y ellos sin decirme nada casi orgullosos. Recuerdo a mi mamá llevándome el tetero a la cama, entrar al cuarto a media noche y arroparnos. Recuerdo el olor de la carne asada que preparaba mi abuelita y el pelo de algodón de mi abuelo, suave y blanquísimo. Estos y muchos más recuerdos hacen que mis sentidos vayan a millón, ya que puedo oler, ver, degustar y hasta tocar instantes del pasado que creía olvidados o lo menos sin ninguna importancia.

Todos esos recuerdos (y alguno más que te asalte...) tienen un gran potencial como posibles relatos, ¿no crees? Podrías incluso llegar a crear un libro de cuentos...