Siempre he sentido que mi vida es como un rompecabezas y cuando creo tenerlo terminado, nuevamente encuentro piezas que no encajan. Cada pieza es un sueño, realizado o por cumplir, un pasado, que triste y feliz hicieron de mí lo que soy. Cada pieza es un amigo, que lo sigue siendo o lo dejó de ser, que me enseñó a confiar y a dejar de hacerlo, que me traicionó o me sedujo. Cada pieza es una palabra, que dije o dejé de decir, con la que construí o demolí, palabras que soñé escuchar o no supe cómo hacerlo, crucigramas que renuncié a terminar. Cada pieza es un dilema, decisiones que tomé, pasos que fui incapaz de dar, retrocesos, miedos, supersticiones. Cada pieza tiene un nombre, una fecha, una situación, una cara, un dolor, una alegría, un color, un aprendizaje, un amigo, un desconocido, un país, una comida, una flor, un matiz. Ahora comprendo que el día que mi rompecabezas esté listo, cuando todas sus piezas estén en el orden, que correcto o no yo elegí, ese día, no seré yo quien lo observe.

Una metáfora visual muy bien trabada...
Me encanta esta entrada, Claudia... Así es la vida, la has descrito perfectamente.